Primera quincena: tres feminicidios y dos intentos de quemar vivas a sus mujeres

6 de enero, Esplugues de Llobregat, Barcelona. Un hombre mata a su mujer de 28 años y a su hija de 3. Lo explicábamos hace unos días así.

9 de enero, Castilleja de la Cuesta, Sevilla. Un hombre escucha los gritos de auxilio de su vecina, salta la valla de la vivienda y se encuentra con el marido sujetando la puerta de la casa para evitar que la mujer pudiera escapar. Ha prendido fuego a la habitación y ella se está quemando. El hombre que salva a la mujer lo explica así:

“una vez que subí la escalera, estaba el hombre aguantando la puerta. Su reacción es quedarse con la puerta así. Lo aparté, abrí la puerta y vi a la mujer. Estaba chamuscada, el chaleco casi ardiendo, los pelos casi ardiendo también”. Feminicidio fallido.

12 de enero, Madrid. Una mujer llama a la policía alertando de que su hija está siendo amenazada por el novio de esta con quemarla viva, están solos en la casa y además él lleva un cuchillo. Dos policías se acercan hasta el domicilio en donde están ocurriendo los hechos. El hombre, de 50 años, acuchilla a los dos agentes, a uno en el cuello y al otro en el tórax, aun así, uno de los policías consigue abatirlo a tiros y le mata, evitando así que acabe matándolos a ellos y a la mujer. Segundo feminicidio fallido.

Afortunadamente los dos policías heridos están fuera de peligro y se recuperan favorablemente.

También el 12 de enero, en Puerto Llano, Ciudad Real, un hombre denuncia a la policía la imposibilidad de ponerse en contacto con su hermano desde hace días. La policía se persona en el domicilio y en el interior de la vivienda se encuentran con dos cadáveres, el de un hombre con un disparo y el de una mujer con varios impactos de bala. El arma está junto a los cuerpos. Él la había asesinado a ella y después se había suicidado.

Según el forense el suceso había ocurrido hacía más de un día.

Así ha transcurrido la primera quincena del año 2020, con dos mujeres y una niña asesinadas, y dos mujeres a punto de morir abrasadas.

Pero hay hombres (y algunas mujeres) que niegan la violencia machista. Hay algunos que se entristecen por el hombre abatido por la policía y por el que se ha suicidado, pero no sienten el horror ni la pena por el asesinato de dos mujeres y una niña. No sienten alivio tras saber que, dos mujeres han sido salvadas de haber muerto quemadas vivas a manos de sus parejas.

Hay algunos que sólo se enfurecen cuando los asesinos son extranjeros, o son españoles, pero de “otra” etnia. No les importa lo más mínimo que el denominador común de todos los asesinatos de más de 1000 mujeres de los últimos 15 años, hayan sido cometidos por hombres. Dicen algunos incluso, que 1000 feminicidios en 15 años no es para tanto, pero se rasgan las vestiduras cuando hablan de las víctimas de ETA, que se llevó por delante a 829 personas en 45 años. Menos de 900 en 45 años frente a más de 1000 en 15 años. A lo de ETA se le llama terrorismo, pero a la violencia machista no se le puede llamar así. Y, ¿por qué?, es fácil adivinarlo, porque con ETA cualquier hombre era susceptible de ser víctima, ya que los atentados eran indiscriminados. Hombres, mujeres, niñas y niños eran víctimas potenciales. Quizás los hombres tenían más posibilidades ya que en aquella época había pocas mujeres en las fuerzas armadas o en los cuerpos policiales. Aunque muchos de los atentados se cometieron contra civiles; mujeres, niñas, niños y hombres murieron. En cambio, con el terrorismo machista a ellos nunca les va a tocar, ya que el terrorismo machista únicamente ataca a infantes y a mujeres. Sobre todo, a mujeres. A hombres, nunca. Eso sí, a sus mujeres que no las toque nadie (solo las tocan ellos, piensan algunos).

Y como el mundo está hecho por y para el hombre, como el sistema es androcentrista y patriarcal, cuando se toca al hombre es terrorismo, pero cuando se toca a la mujer la violencia no existe. De la misma manera que cuando al hombre le toca luchar contra otros, la forma de vida se convierte en guerra, pero cuando es la mujer la que tiene que luchar, no existe la guerra. Como no son ellos los que luchan, hay paz.

Porque lo que para ellos es paz, para nosotras continúa siendo la guerra. Y además, sin tregua.

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