¿Cómo es posible la nostalgia?

A mi hija Regina

¿Cómo es posible la nostalgia?

Fueron tiempos terribles

los tiempos pasados, me dices.

Tiempos de tinieblas a penas rasgadas

por la fugaz visión de luces lejanas.

¡Oh, sí cierto!


Fueron tiempos de dolor y de rabia,

no exageras, dices y repites

¿cómo puede reclamarse la nostalgia?

La nostalgia es el olor frío

de las mañanas húmedas

con las baldosas mojadas

por la bayeta empapada.

La nostalgia es el vibrar de la voz infantil

a la salida de la escuela,

en una tarde de hielo.

Es el tacto alado de unos dedos insólitos,

en la mirada verde

de unos ojos que oyen,

es el brillar de una piel transparente.

Es una boca que dice te quiero,

y quiebra todos los mitos.

Es esa trenza de pelo

que en el pecho joven

cuelga sobre el cuello.

La nostalgia es el eco,

de palabras que huyeron

espantadas, sin dueño,

engullidas por miedo,

enmudecida el habla,

humillada el alma,

asesinado el sueño.

La nostalgia es la luz macilenta

de los amaneceres,

con el libro abierto encima de la cama

y el niño hambriento, víctima de mi empeño.

La nostalgia es el recuerdo de todos los quehaceres:

del apretón de manos del amigo,

de la sopa caliente,

del beso tierno y fugaz,

de la efímera alegría

que compartimos contigo.

La nostalgia es el vívido sonido

de un acento torturado en la voz querida,

del resbalar del dedo por la mejilla

en la caricia esperada.

De las palabras tópicas que curan

cuando las dice la boca amada.

La nostalgia es esta extraña exaltación

que bombardea mi pecho.

En este loco retumbar

de los tambores cardíacos

que me arrastran a deseos juveniles,

cuando el trabajo de tantas manos

construía un espacio singular.

Es las vivencias que exigen la memoria

en el recuerdo de tantos hermanos.

Es esta extraña exaltación

de la mente que revive

los sentimientos, y me enerva,

cuando las pasiones anunciaban

los excesos de un tiempo que acababa,

y gozaba del gritar de los niños

y del olor de la piel materna.

La nostalgia es aquel rumor colectivo

que tronaba en el mover del mundo,

y que con el aunar de ojos y de manos,

desafiaba el miedo

en que la amenaza su filo hunde,

y que el valor convertía en fecundo,

y alejados del alma los temidos espantos,

empujaba el inerte girar del planeta.

La nostalgia es el mayor dolor

de recordar el tiempo feliz,

en la tristeza en llanto hoy ahogada.

Porque feliz es el amor correspondido,

la caricia esperada

las palabras calmantes.

Las lágrimas que lloran por ti,

el apretón de manos,

la sopa caliente, la sábana limpia,

la lealtad segura de los amantes,

y el beso tierno y fugaz.

Lidia Falcón O’Neill

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s