Otra campaña infame sobre la violencia machista

El verano pasado estuve “ayudando” a una mujer maltratada. No podía hacer gran cosa ya que nos separaban 900 km, le busqué una asociación de mujeres maltratadas cercana a ella que la estuvo ayudando, y yo desde la distancia la atendía por teléfono cada vez que me llamaba. Fueron muchas las llamadas, sus llantos y mis consuelos. Alguna vez tuve que llamar a la policía de su población para que fuera a socorrerla. Si hubiera sido abogada o psicóloga la hubiera podido ayudar mejor por muy lejos que estuviera de ella. Un día debí hacer algo mal, o eso debió pensar ella, porque se enfadó conmigo y me bloqueó.

En otra ocasión, otra mujer en situación de violencia extrema me llamó por teléfono y en susurros me pidió que la fuera a buscar en coche porque la iban a matar. A esta mujer la había conocido, esta vez sí en persona, un año antes cuando ya por aquel entonces necesitaba ayuda y yo le busqué abogadas feministas y vivienda. Al final se fue a vivir a otra provincia y durante un año no supe nada de ella hasta que recibí esa llamada tan alarmante. Había vuelto a mi provincia, pero aún así estaba a casi 60km de distancia, yo sin coche y la urgencia era “ven a buscarme que me va a matar”, así que llamé a los Mossos d’Esquadra y se los envié. Después, angustiada, lo expliqué en un grupo de feministas y una de ellas me acusó de haber actuado mal al haberle enviado a los Mossos. No me avergüenza decir que me entró un ataque de pánico con llanto desconsolado incluido pensando que había cometido un error fatal y que aquel hombre iba a asesinar a la mujer que me había llamado pidiendo que fuera a buscarla. Pero mi amiga Reis me tranquilizó recordándome que tenía la obligación ciudadana de ayudar a cualquier persona que estuviera en peligro, al no haberlo hecho hubiera cometido delito de omisión del deber de socorro, así que hice bien.

Hace pocos días una camarada del partido me pidió permiso para facilitar mi contacto a una mujer que está en situación de violencia machista, y todavía no la he respondido. Porque no sé cómo ayudarla. Puedo tener la mejor de las intenciones, pero no soy una persona con una profesión que pueda ayudar realmente a una mujer maltratada. No tengo ni la formación ni los recursos. Podré escucharla, podré consolarla, podré acompañarla a la policía e incluso podré esconderla en mi casa. Pero no podré asesorarla jurídicamente ni ofrecerle terapia alguna, mucho menos parar a su maltratador.

Y ahora me entero de que la ministra de Igualdad, Irene Montero, anuncia a bombo y platillo su nuevo plan contra la violencia machista, que no es otro que responsabilizar a las personas del entorno de mujeres que están en situación de violencia, que sean las que las asesoren y protejan. Se pueden descargar de internet unas pegatinas con un punto violeta para pegarlas en sus establecimientos, e imprimirse una guía de instrucciones para asesorar a la víctima. Como si se hubieran comprado un mueble en Ikea.

Osea, yo, que acudo a los cursos de Lidia Falcón, leo sus libros, sus artículos, los artículos de decenas de mujeres feministas, acudo a webinarios…. Yo, que no hay semana que no reciba una clase magistral de Lidia Falcón. Con mi perspectiva feminista, mi empatía y mis experiencias personales de violencia machista, soy consciente de que no estoy capacitada para ayudar a una mujer en situación de violencia machista. Sin embargo, el Gobierno de España considera que el panadero, el reponedor del supermercado, o la regente de una tintorería puede ser perfectamente la persona responsable en tratar y asesorar a una mujer maltratada cuya vida está en peligro. Personas que no han sido formadas y que con la mejor de las intenciones pueden hacer mucho daño.

Lo que estamos pidiendo, exigiendo, las feministas desde hace mucho tiempo, mucho más tiempo que Irene Montero lleva en el Ministerio, es que se forme al personal profesional que trata a las víctimas de terrorismo machista. Desde el taxista que la lleva al hospital o a la comisaría, pasando por el agente que le toma la denuncia, los enfermeros, las médicas, las juezas y fiscales, las terapeutas….

El Ministerio de Igualdad, en lugar de invertir dinero y recursos en erradicar la violencia que sufren las mujeres, en formar a las personas que las van a tratar, y en solucionar este problema de Estado, lo deja en manos de los vecindarios.

Otro de los motivos “nobles” en pasar el testigo a la gente del barrio según la ministra es, concienciar a la sociedad” de que erradicar la violencia machista es “responsabilidad de todos“. Pero eso ya se sabe y está legislado ¿no?, porque no ayudar a quien está en peligro, es cometer el delito de omisión del deber de socorro, como mi amiga tan sabiamente me recordó en su momento. (artículo 195 del Código Penal)

El novedoso plan de los puntos violeta es otra de las campañas de concienciación infames que el Ministerio de Igualdad y el Gobierno en sí, se dedican a crear para tener a la gente entretenida. Unas veces el mensaje va dirigido a la víctima diciéndole en esos horribles spots televisivos “denuncia” “te mereces ser feliz”, “cuéntalo”, como si la responsabilidad de estar siendo maltratada fuera de la víctima porque no lo cuenta, o que no es feliz porque no sabe que lo merece, y allí están los vecinos para iluminarla con la idea fantástica de que denuncie, y de paso hundirla psicológicamente haciendo que se sienta responsable de lo que su maltratador hace con ella y con sus hijos e hijas.

Otras veces, como ahora, el mensaje va dirigido al vecindario, diciéndole a vecinos, amigos y familiares que son ellos los que tienen que pararle los pies al maltratador.

¿Habéis visto el spot? para Juanjo el maltratador no hay ningún mensaje, no hay ninguna campaña que le diga, si agredes a tu mujer, novia, madre, hermana, hija, cuñada, suegra, vecina, desconocida, te vamos a meter en prisión.

La responsabilidad siempre es de la víctima o de su entorno. El Estado nunca es responsable.

Un día, estando de voluntaria en plena campaña de recogida de alimentos en un supermercado, un hombre entró a la tienda a comprar, y cuando una compañera le ofreció una bolsa para llenarla con productos para el Banco de Alimentos, el hombre enfurecido se giró hacia todos los voluntarios que estábamos allí y nos gritó que era culpa nuestra que el Estado no se ocupara de las personas en situación precaria, porque le estábamos haciendo el trabajo, y además gratis. Mis compañeros y compañeras se sintieron muy ofendidos y le llamaron desagradecido. Yo entendí y aprendí esa lección.

Al Gobierno le resulta de lo más útil que la ciudadanía sea solidaria. Mientras existan asociaciones que se ocupen de prestar ayuda a las personas más desvalidas, el Gobierno no tendrá que invertir dinero ni recursos humanos ni técnicos a tales tareas.  Mientras los tenderos del barrio se impriman una pegatina violeta, la peguen orgullosos en su establecimiento y lean bien las instrucciones, el Gobierno no tendrá que invertir en erradicar el terrorismo machista.

2 comentarios en “Otra campaña infame sobre la violencia machista

  1. Cierto que la sociedad no es consciente del problema machista que acarrea la sociedad patriarcal.
    Cierto que la mayoría de ciudadanos pasan olímpicamente de lo que le ocurre al vecino, que incluso los familiares de las víctimas las obligan a aguantar al maltratador por problemas económicos .
    Que la víctima está incomunicada,y por consiguiente falta de ayuda psicológica,de apoyo ,de información etc,etc.
    Todo esto lo sabemos las feminista comprometidas por la causa ,y aún así poco podemos hacer sin una ley que endurezca el maltrato, no solo al de la mujer, también a los niños, porque proteger la infancia es apostar por un futuro mejor .
    Por lo tanto, pasar el testigo al de al lado ,al ciudadano,a familiares y amigos ¡Está sobredicho desde años atrás! y la cosa sigue igual,nada cambia,todo lo contrario, se incrementa más la violencia contra las mujeres.¿Porque será?
    ¿No será que para defender los derechos de las mujeres no sirven paños calientes,como estos?¿Que para erradicar la violencia machista haya que llegar a la raíz del problema y cortar por lo sano?
    Señora Montero ,si no sabe, no perjudique más,saque usted una ley contra el maltratador más justa,una ley que los obliguen a respetar la voluntad de las mujeres so pena de carcel,una ley,donde sean las propias mujeres dueñas de su destino ,libres para elegir . No escondidas de un maltratador que las amenazan de muerte si no lo hacen.
    No es la víctima la que tiene que huir con sus hijos para sobrevivir.Debe ser todo lo contrario ¡Acosar al maltratador para que deje de serlo, apuntar al maltratador para que huya de la sociedad que los rechaza y discrimina como escoria social!

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  2. Los puntos violeta ya existian en todas las fiestas populares. Yo participé en uno por dos años rapartiendo información, tripticos y sonrisas como si hubiera vuelto a aquel de mis primeros trabajos de azafata de congresos y eventos para pagarme mis estudios de Derecho. Que yo no tuve papá que me pagara Universidad ni Master.

    Y ahora el gobierno los extiende a los comercios a píe de calle, y yo que se mucho, pero mucho de violencia por ser mujer, no miro que otras no sepan atender a una víctima. Y sí veo el brutal impacto social de sacar al pie de calle un #bastaya a cada metro de barrio. Porque aunque se sigue invisibilizando al agresor y poniendo el foco en la víctima, la sensación de disuasión para el delincuente violento-machista y la sensación de apoyo para la víctima es fundamental y acertada. Es más conveniente que se preocupen de la reacción y acción adaptativa del criminal y menos de la falta de competencia de las voluntarias comprometidas, que por comprometidas …seguro que harán lo posible por adquirir competencias de atención por sororidad. Y si a mí me lo piden, yo las formo hasta gratis en la atención en crisis. Para prestar primeros auxilios, detectar víctimas y derivar a recursos especializados…que es el objetivo.

    Pero, más valiera que a tanta crítica sumasen pensar que aquellos hombres, que estos locales no tenían por clientes, van a aparecer como setas por sus estancias, o acompañando a mujeres que antes iban solas, o aquellas que hacian las tareas no van a pisar mercados, farmacias, etc porque ellos, esos maltratadores y abusadores de mujeres, se van a sentir muy amenazados (que por cobardes es como se deberían sentir) de la removida concienciación social que deberia provocar un punto violeta. Porque digo yo, que esto se entenderá como una sirena en guerra y no como cosa de mujeres locas…

    Fdo. Abogada experta en VG

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