‘Infancia trans’: ¿la otra pandemia?

Traducción al castellano del artículo de Silvia Carrasco, “Infància trans: l’altra pandèmia?”

Esta mañana he desayunado leyendo el maravilloso artículo de Silvia Carrasco que le ha publicado el digital El diari de l’educació. Mi primer impulso ha sido querer reenviarlo a todas mis camaradas feministas, la mayoría ya lo habrán leído, lo sé, pero pienso en mis colegas de Madrid, las Islas Canarias, Aragón, Andalucía, Asturias, Galicia … ¡De todas partes!, y me freno porque me doy cuenta de que está escrito en catalán, y aunque la mayoría utilizarán un traductor, sé que otras no lo harán, así que he decidido traducirlo porque, aunque amo el catalán, quiero que ellas también lo lean sin excusa alguna. Aquí os lo dejo.

‘Infancia trans’: ¿la otra pandemia?


Mientras nos afanamos en doblar las curvas de contagios y muertes a causa de la Covid19, en poco tiempo se ha hecho fuerte entre la población otra pandemia digna de las obras de ciencia ficción más inverosímiles: el mundo rico ha decidido frenar el crecimiento de sus infantes cuando llegan a la pubertad, inocularles hormonas del sexo contrario y mutilarles, amputándoles pechos y genitales, para adaptarles a unos sentimientos profundos de malestar con el sexo de sus cuerpos.

La revelación se puede manifestar entre infantes y adolescentes en cualquier momento, convertidos repentinamente en sabios de su auténtica identidad presente y futura por obra de un espíritu sexuado que les habita, siempre contrario del sexo que todo el mundo les ve. Familias, profesorado, psicólogos y pediatras que nunca hubieran sospechado la existencia real de tal incongruencia entre cuerpo y mente, que crece a pasos agigantados entre la generación joven informadísima por internet, absorben deprisa la buena nueva y se suman entusiastas a propagarla. Madres y padres redescubren señales inequívocas en hijos e hijas –desde ahora, hijes (en catalán, fillis), según el nuevo género gramatical inventado por la consejera Tània Verge (fillis)– que, en la oscuridad en la que vivían, no habían sabido interpretar.


Expertos de todo tipo alertan de los peligros de contradecirles, no ya sobre si quieren ir a la escuela en pijama, macarrones para desayunar o un móvil de última generación, sino sobre la satisfacción inmediata del que reclama su conocimiento íntimo e incuestionable de la vida y el sexo, tanto si tienen 3 años como si tienen 16. Profesoras que se pensaban, ingenuas, que eran feministas porque luchaban para educar a niñas y niños como iguales, libres de limitaciones sexistas y amándose tal y como eran, se reciclan con urgencia en la nuevísima corriente. Así pues, animan a niños y niñas a encontrar su auténtica identidad sexual, ayudadas por simpáticas entidades que actualizan con múltiples cursillos y cuentos avalados por el Departamento de Educación toda su formación anterior, tan desfasada.


Las grandes corporaciones médico farmacéuticas, siempre tan pendientes de la salud de la población, ya han creado todos los tratamientos y drogas vitalicias que, por suerte, llevarán el bienestar a nuestros infantes y jóvenes. Según los papeles que les da la sanidad catalana con la receta de las hormonas, prácticamente todo son ventajas. Aquí hay que decir que Suecia, Finlandia, Irlanda y otros renegados que han frenado estos protocolos seguro que exageran sobre sus daños irreversibles. Al fin y al cabo, ¡si ya no tienes pechos no puedes tener cáncer de mama!


Nada tan eficaz para liberar al alumnado de la biología tránsfoba de los libros de texto, donde todavía se enseña que los humanos somos una especie animal binaria, como un buen taller donde se explique que un pene pequeño es como un clítoris grande


Nuestras políticas y políticos no se quedan atrás en su trabajo infatigable por el bien común, y ley que tocan, ley que redefinen el sujeto de derecho, ahora de sexo sentido. El Consejo de Ministros ya tiene preparada una ley trans para arreglarlo del todo. En Canarias, cuando un señor que había violado y asesinado a su prima afirmó de repente que no era un señor, sino una señora, no dudaron ni un minuto en enviarlo a un módulo de mujeres, protegiendo la nueva presa sentida de, vete a saber qué hombretones en la prisión le habría tocado.

Siempre abocados en la protección de la infancia, han aprobado en Cataluña no una, sino cinco leyes y protocolos trans de obligado cumplimiento en las escuelas. Nada tan eficaz para liberar al alumnado de la biología tránsfoba de los libros de texto, donde todavía se enseña que los humanos somos una especie animal binaria, como un buen taller donde se explique que un pene pequeño es como un clítoris grande. Tan bien informados están nuestros y nuestras representantes de las consecuencias de tales leyes y protocolos, que no han considerado en ningún momento que la sociedad catalana tuviera algo que hacer con debates públicos, que solo habrían retrasado el goce de sus bondades. Y con un entendimiento sin precedentes, coinciden en este esfuerzo los partidos defensores de la desregulación del mercado sin corsés políticos ni fronterizos, y los que anuncian el advenimiento automático del socialismo por la vía de la independencia.


Y así se multiplican exponencialmente las transiciones sociales –los cambios de nombres, ropa y peinados, y un sorprendente interés por los pronombres–, seguido de las transiciones médicas entre nuestra infancia y adolescencia. Somos tan modernos que se suma el triple de chicas que de chicos. Todo hace pensar que muy pronto disfrutaremos también aquí de ofertas y descuentos en la doble amputación de pechos como regalo idóneo de final de curso. Siempre junto al liderazgo mundial, seguimos así la estrella de una sociedad tan sana igualitaria y referente en salud pública como la norteamericana, donde incluso los niños y niñas de la calle tienen derecho a las hormonas cruzadas para aligerar su insoportable sufrimiento –a causa de su sexo, no de que no tengan donde caer muertos–.

De Naciones Unidas a Save The Children, del Irán islamista a los sindicatos de clase, de Hollywood a las universidades líderes, de Amazon al Gobierno de la Generalitat y TV3, el mundo vela por los nuevos derechos humanos trans que nos llevarán a cotas insospechadas de justicia social, porque todo el mundo tiene derecho a ser quién es, incluso si es de sexo fluido que va cambiando a lo largo de la vida. El sistema económico será el mismo, eso sí. Es lo mínimo que se puede hacer por los que inducen deseos y los satisfacen en el mercado global. Porque también, en esto, ganan los de siempre.

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