Historia de un alzamiento

Es domingo y son las cuatro y media de la tarde. Cada uno de los músculos que se flexionan y estiran para empezar a esbozar ese gesto del lenguaje no verbal panhumano que es la sonrisa comienzan su ritual en mi cara: se acerca la hora feliz. Cada domingo, las mujeres que formamos Vanguardia Feminista tenemos nuestra reunión semanal, en la que dialogamos, decidimos, actuamos e incluso, cómo no, debatimos. Miro hacia atrás en la línea del tiempo y puedo ver claras todas mis huellas, las marcas del paso firme y fuerte y también las del paso débil, así como las de las cojeras ocasionales… y vuelvo a sonreír.

En Vanguardia Feminista no podemos tocarnos, ni abrazarnos cuando lloramos, no podemos usar el sentido del tacto, el sentido humano más desarrollado, según algunas autoridades, en nuestras comunicaciones y, sin embargo, en este año de gloria, me he sentido acariciada y…

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